LA REVORVIURA
DE LA ESQUINA
embozado y la canoa en la mano. Entra y viste a modo”. Así lo hizo y me contó. Estoy seguro de que El Eterno habrá tenido muy en cuenta las opiniones de las acogedoras féminas de la calle Gibraltar a las que tanto ayudaron los curas De Santiago y el cumplimento del ritual para portar el viatico. Después de muchos años, hace seis o siete, llevé por encargo suyo, como abogado, un asunto civil de su interés y almorzando le recordé aquella historia, nos reímos y me dijo “eso está a la revorviura de la esquina’ en perfecto dialecto del Conchal. He rezado el responso - en latín por supuesto - esta madrugada con el cariño y humor que nos hemos concedido entrambos en este mundo.
Alberto Revuelta