A primeros de este mes de mayo se me murió un buen amigo. Manchego de Cuenca, pero, igual que yo, afincado en tierras valencianas desde hace muchísimos años. Nuestra amistad sobrevino de una larga relación de trabajo. Era cliente y proveedor mío.
Él continuaba al frente de su empresa, a pesar de que ya había cumplido 64 años y llevada dos luchando contra el cáncer, pues sus dos hijos habían organizado sus vidas por otros caminos. Llevaba algún tiempo barajando la posibilidad de jubilarse; pero siempre lo dejaba para más adelante, pensando en sus trabajadores. Algunos llevaban prácticamente toda la vida trabajando con él. Además su empresa funcionaba muy bien.
Nuestra relación personal continuó después de mi jubilación, al igual que la relación de trabajo, ahora con mis hijos.
Hablábamos bastante. Un día le comenté cómo, por casualidad, me había encontrado con un nutrido grupo de antiguos compañeros de estudio, después de casi 50 años, y la gran alegría que me produjo aquella casualidad. Creo que él también se alegraba cuando se lo iba contando. Lo único que me dijo fue que tenía que luchar para que aquella “nueva” relación con viejos amigos no se volviera a perder.
La última vez que hablé con él fue unos quince días antes de su muerte. Estaba en el hospital, a donde había acudido para una revisión periódica. Lo vi bastante animado y con muy buen aspecto. De hecho quedamos en que me llamaría cuando saliera para tomar un café, o comer juntos, o lo que fuera. Pero creo que, en el fondo, él sabía que aquella cita no llegaría a producirse.
Cuando me despedía me dijo:
-Miguel, supongo que sigues en contacto con aquellos compañeros antiguos. Tenéis que continuar así hasta el final, hasta que quede sólo uno… Esas reuniones que tenéis de vez en cuando deben ser algo muy bonito.
Y mi amigo estaba en lo cierto. Por eso me acordé bastante de él durante el último encuentro que tuvimos unos cuantos, hace pocos días, en casa de Antonio Muñoz. Y lo eché de menos. Y, por lo que a mí respecta, pienso hacer todo lo que pueda para cumplir su consejo.
-Miguel Guerrero-
Veo que Juan ha publicado lo que escribí en abril de 2.017, a los pocos días de morir mi amigo, y que ya fue publicado en esos días en Compañía-19.
ResponderEliminarY lo que quiero decir hoy –cuatro años y medio después- es que sigo pensando exactamente igual en cuanto al último consejo que me dio mi amigo sobre los encuentros que, afortunadamente, seguimos teniendo de vez en cuando.
Miguel Guerrero
Naturalmente este escrito no se pudo publicar en Compañía-19 en abril de 2.017 si mi amigo murió en mayo.
ResponderEliminarPerdón por el lapsus.
ResponderEliminarSon bellos recuerdos.
Estamos ahora en esa edad que nos obliga a exclamar repetidas veces: "¡joder!
Joder se ha muerto fulanito".
"¿Te lo puedes creer? Se ha muerto menganito, ¡joder!".
En fin... chelavi. Hasta que ya dejemos de decir joder.
A esta edad, constantemente estamos recibiendo malas noticias como la que comentas. Tú amigo te dio un consejo y fuerzas para cumplirlo porque eres "el motor" que nos hace ponernos las pilas para que nos veamos a pesar de que estas a no se cuantos kms. de esta zona.
ResponderEliminar