Iniciamos el blog con una entrada de cada uno de los participantes en el RENACER de Roche. Es la última entrada que aparecía en el antiguo blog de COMPAÑÍA 19. PARA PODER LEER LOS ARTÍCULOS QUE GUARDÉ EN SU DÍA Y QUE ESTÁN SUBIDOS EN LA PRIMERA COLUMNA DE LA DERECHA, debemos copiar el enlace y pegarlo en nuestro navegador. Gracias

viernes, 17 de diciembre de 2021

 Hace años. Por lo menos diez.

El psicólogo rural.

Hace poco fui a tomar café en el bar del hospital –ya por inercia- y cuando esperaba para pagar –la caja está junto a la puerta de salida- me quedé mirando a una señora muy arreglada que empujaba la puerta para entrar, con desaforado esfuerzo, incluso arrugando la cara, poniendo la mano unas veces más arriba otras veces más abajo y dejando caer sobre el pomo todo el peso de su cuerpo pero sin conseguir que la maldita puerta se abriera. Por el movimiento de los labios deduje que estaba profiriendo maldiciones. Entonces alguien desde detrás de ella, alargó el brazo, cogió el tirador de la puerta y suavemente la movió hacia fuera dejando la puerta abierta ante las mismas narices de la perifolleada señora. Pero lo que me llamó la atención fue que al entrar ella, la primera, claro, dijo enfadada: “¡Espera!, es que estaba muy dura”.

Luiyi

2 comentarios:

  1. Amigo Luis, es cierto que casi "NUNCA ES TARDE". Y digo casi porque, como sabemos, hay detarminadas circunstancias en las que, una vez ocurridas, ya es tarde para tratar de darles el más mínimo vuelco a la situación.
    Pero no es éste el caso que nos ocupa, o sea, tu NUNCA ES TARDE. Y no sólo eso, sino que, además, has entrado arrasando con cuatro carambolas de una tacada. Y no creo que haya nadie que se atreva a insinuar que te pares... Si acaso, todo lo contrario.
    Y naturalmente me alegra un montón la posibilidad de, quizás, haber tenido algo que ver, aunque sea muy poquito, en tu reaparición. Sigo pensando que tienes mucho que contar.
    Un abrazo.

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  2. Le he dado a Publicar antes de identificarme, precisamente contigo, que tan poco te gustan los anónimos...

    Miguel Guerrero

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