Me ha preguntado esta mañana
mi Juan Antonio: “¿Cómo te gustaría que te recordara cuando te mueras? Piénsalo
tranquilamente. No hay prisa”.
Yo enseguida contesté: “Lo
tengo claro. Cuando te acuerdes de mí que sea con una sonrisa en la boca”.
Sé cuál es el problema: su
sonrisa no dependerá de él sino de la imagen, el recuerdo que tenga de mí. Su
sonrisa dependerá de cómo me ha visto él con respecto a su vida, si él siente y
cree que hemos empatizado, si él se siente querido y arropado por mí.
Luego el que le venga una
sonrisa a la boca depende más de mí que de él.
O
quizás no.
Pero tengo claro que como
seguramente aparecerá la sonrisa en su cara es recordando que
-
viví disfrutando de mis padres y hermanos, de
Regina y de mis dos hijos en los momentos maravillosos y en los menos
agradables,
-
Fui maestro y aprendí enseñando tanto las
materias escolares como iniciando en el descubrimiento del camino de su vida a
tantas personas,
-
Viví maravillado haciendo todo el bien que pude
a los que estaban a mi lado
-
Viví buscando cómo ser yo.
-
Viví saboreando el cariño de mucha gente y el
mío por todos los que yo sé que me quieren.
Le he dicho que no quiero
velitas, ni nada de esas cosas. Yo no creo que haya otra vida después, sino que
todos los elementos que soy seguirán siendo en la tierra, en el aire, pero ya
sin la conciencia de que soy yo. Así que muy bien. Para eso estamos.
Lo curioso es que me haya hecho esa pregunta. Extraño, pero
se lo agradezco.
Me parece una profunda y bonita reflexión, pienso que seremos lo que somos y como nos perciban los otros, seguro que para algunos seremos simpáticos y para otros lo contrario y así sucesivamente,pero si se quedan con algo como que " pasó haciendo el bién a los que estaban a su lado" la sonrisa será de oreja a oreja.
ResponderEliminar