LUIS VALLECILLO
martes, 20 de febrero de 2018
Hace tres horas que se
ha puesto el sol y la noche se presenta serena. No se oye nada. Ni siquiera las
olas golpeando la muralla.
Los pasillos son
angostos y enormemente largos, interminables. La mayoría de los sabios duermen.
Otros se divierten haciendo juegos de palabras escritas. En esta inmensidad del
silencio, en total oscuridad, se oye, lejano, el gemido de un felino. Los sabios
no se callan porque ya guardaban silencio pero sus músculos faciales
se tensan en un intento de captar, la orejas tensas, de nuevo aquel lejano
gemido.
Como salido de un
pozo, el llanto se vuelve a oír esta vez más alto y claro. Cuchicheos por
distintos extremos de los eternos pasillos. Puertas que se abren sonando a
herrumbre y cabezas que asoman curiosas. ¡Por ahí va! ¡Por ahí va! La algarabía
sube de decibelios hasta convertirse en un jaleo. ¡Qué pasa! ¡Tú calla!
¡Cerradle el paso!
De pronto se abre la
puerta grande y el más sabio, el superior de los sabios, aparece por
el fondo.
-¿Qué pasa ahí?...
¿Qué es esto?
El pozo vuelve a su
rincón y todos los demás desparecen como estrellas fugaces, en un segundo, como
sombras del viento. El silencio vuelve a ser brutal, interminable.
El padre se da media
vuelta, despacio, y entra de nuevo por su puerta grande.
Silencio….
…..
Miauuuuu
¡Por ahí va, por ahí
va!
Publicado por luiyi a
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