La preocupación por la
España vaciada es una constante en prensa, radio y televisión; no pasa un día
sin que nos recuerden que las pequeñas aldeas rurales se mueren; no nacen niños
que continúen la senda de sus mayores.
Las frutas, verduras y hortalizas
que los ciudadanos (habitantes de las ciudades) ingerimos proceden, en gran
medida, de invernaderos gigantes que abastecen a la colectividad. Esos mares de
plásticos acogen, entre otros, como “siervos de la gleba” a los que escaparon
del ahogamiento en el mar-océano. Ahora sienten el sol en sus espaldas,
tamizado por las techumbres transparente que se yerguen sobre sus cabezas. Sufren el intenso calor que les recuerdan el
que tuvieron en sus largas caminatas hacia el mundo del progreso, huyendo del
hambre, la miseria y la guerra.
Cuando en la cocina
utilizamos la cebolla, en más de una ocasión, se nos saltan las lágrimas,
incluso lloramos, son “lágrimas de cocodrilo” que no significan que nos apesadumbramos
por los que están ganándose “el pan con
el sudor de su frente” en los cobertizos; quizás, no nos acordemos, ni pensemos
que gracias a ellos la podemos disfrutar, y que ahora en plan gourmet se sirve
caramelizada.
Recuerdo una anécdota
que me contó una abuela que estaba preparando el almuerzo, y la preocupación de
su nieta pequeña que la acompañaba. Le dijo:
-Abuela, ¿por qué
lloras cuando cortas la cebolla?
-¿Te da pena?
Tenemos tantas capas
como esa planta herbácea que separamos para su condimentación, pero seguimos un
proceso inverso, mientras que el ser humano nace desnudo de cuerpo y espíritu,
y a lo largo de la vida se va revistiendo de múltiples revestimientos difíciles
de desprender, la cebolla se va “deshojando” para alimentarnos.
No puedo dejar de
recordar el extraordinario poema de Nanas de la cebolla de Miguel Hernández, y
dónde lo escribió, con las circunstancias tan trágicas que le impidieron
disfrutar de su familia y especialmente de su niño, inspirador de esos versos
tan entrañables.
La cebolla redonda,
ovalada, blanca o morada, importante en nuestra dieta, a veces suscita algunas
controversias:
- la tortilla de patatas: ¿con cebolla o sin cebolla?
Andrés
Baquero
Es cierto, Andrés, que la cebolla nos hace llorar a veces a los que solemos cocinar y no es porque seamos demasiado sentimentales.
ResponderEliminarCuando aprendas de otras hortalizas lo que sabes de la cebolla te veo cocinando en alguna otra reunión de Roche.
Y en cuanto a las torillitas,
con cebolla o sin cebolla,
las mejores siempre son
las que nos prepara Lola.
Miguel Guerrero