Iniciamos el blog con una entrada de cada uno de los participantes en el RENACER de Roche. Es la última entrada que aparecía en el antiguo blog de COMPAÑÍA 19. PARA PODER LEER LOS ARTÍCULOS QUE GUARDÉ EN SU DÍA Y QUE ESTÁN SUBIDOS EN LA PRIMERA COLUMNA DE LA DERECHA, debemos copiar el enlace y pegarlo en nuestro navegador. Gracias

sábado, 23 de octubre de 2021

LA CEBOLLA


La preocupación por la España vaciada es una constante en prensa, radio y televisión; no pasa un día sin que nos recuerden que las pequeñas aldeas rurales se mueren; no nacen niños que continúen la senda de sus mayores.

Las frutas, verduras y hortalizas que los ciudadanos (habitantes de las ciudades) ingerimos proceden, en gran medida, de invernaderos gigantes que abastecen a la colectividad. Esos mares de plásticos acogen, entre otros, como “siervos de la gleba” a los que escaparon del ahogamiento en el mar-océano. Ahora sienten el sol en sus espaldas, tamizado por las techumbres transparente que se yerguen sobre sus cabezas. Sufren el intenso calor que les recuerdan el que tuvieron en sus largas caminatas hacia el mundo del progreso, huyendo del hambre, la miseria y  la guerra.

Cuando en la cocina utilizamos la cebolla, en más de una ocasión, se nos saltan las lágrimas, incluso lloramos, son “lágrimas de cocodrilo” que no significan que nos apesadumbramos  por los que están ganándose “el pan con el sudor de su frente” en los cobertizos; quizás, no nos acordemos, ni pensemos que gracias a ellos la podemos disfrutar,  y que ahora en plan gourmet se sirve caramelizada.

Recuerdo una anécdota que me contó una abuela que estaba preparando el almuerzo, y la preocupación de su nieta pequeña que la acompañaba. Le dijo:

-Abuela, ¿por qué lloras cuando cortas la cebolla?

-¿Te da pena?

Tenemos tantas capas como esa planta herbácea que separamos para su condimentación, pero seguimos un proceso inverso, mientras que el ser humano nace desnudo de cuerpo y espíritu, y a lo largo de la vida se va revistiendo de múltiples revestimientos difíciles de desprender, la cebolla se va “deshojando” para alimentarnos.

No puedo dejar de recordar el extraordinario poema de Nanas de la cebolla de Miguel Hernández, y dónde lo escribió, con las circunstancias tan trágicas que le impidieron disfrutar de su familia y especialmente de su niño, inspirador de esos versos tan entrañables.

La cebolla redonda, ovalada, blanca o morada, importante en nuestra dieta, a veces suscita algunas controversias:

- la tortilla de patatas: ¿con cebolla o sin cebolla?

Andrés Baquero

1 comentario:

  1. Es cierto, Andrés, que la cebolla nos hace llorar a veces a los que solemos cocinar y no es porque seamos demasiado sentimentales.
    Cuando aprendas de otras hortalizas lo que sabes de la cebolla te veo cocinando en alguna otra reunión de Roche.

    Y en cuanto a las torillitas,
    con cebolla o sin cebolla,
    las mejores siempre son
    las que nos prepara Lola.

    Miguel Guerrero

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