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domingo, 19 de septiembre de 2021

 ANTONIO MUÑOZ


miércoles, 11 de julio de 2018

Sobre recuerdos y vivencias. (1) El cachucho

 

Le comentaba a Luis que el Blog me confirmaba la diferencia entre lo que uno recordaba haber vivido en  aquel pasado de hace cincuenta años y la realidad de los hechos  o, al menos, con lo recordado o vivido por otros compañeros. Y no creo que ello se deba a la  nebulosa de los recuerdos cada vez más distante y espesa por los años.  Me sorprendía que situaciones que todos habíamos vivido (al parecer) de forma idéntica, cada uno la recordaba de forma, a veces, bastante distinta. Siempre he creído tener buena memoria, pero me he tenido que cuestionar algunos viejos recuerdos cuando no  coincidían con los de otros amigos.  ¡Y lo peor es que, según nos dicen,  la vida es lo que uno recuerda! …Pues, vaya, ¡como uno recuerde lo que no pasó! ¡Vaya fiasco!

Esto me pasó con una reflexión que evocaba Juan García del Castillo sobre la muerte y vela del cadáver de D. Tomás. A mí me tocó velar el cadáver aquellos días y la verdad había recuerdos muy vivos que no coincidían.  Bueno, aquellos recuerdos de D. Tomás de cuerpo presente… es un tema seguro de memorias y vivencias de todos los que compartimos aquellos momentos. Pienso que ninguno habíamos visto un obispo muerto y, claro, con lo alto que nos parecía cuando se subía al estrado a examinarnos… y ahora lo veíamos tan pequeñito y  a nuestra merced...

Pero así pasa con numerosas anécdotas menores: pongamos por caso, las visitas al P. Jansen, con Leoncio y sus inventos, las apuestas matinales para ver quién engullía la cucaracha de turno (con perdón, si es hora de comer), los partidazos de fútbol, de baloncesto o de frontón con sus líderes, las meditaciones del  Villacastín (Pondera, alma y contempla…) y las más terribles experiencias de ánimas  salidas del purgatorio que visitaban cristianos para atemorizarlos con sus cuerpos destilando gotas de fuego líquido, las visitas al manicomio con Napoleón incluido o al reformatorio… Son tantas las anécdotas, digamos, livianas, en las que contándonosla no coincidimos… y, sin embargo, uno es lo que vivió. ¿Quién era el mejor lector de Robinsón Crusoe, el Viaje de la Kon Tiki o Miguel Strogoff? ¿Aleu, Brajones o Fossati? ¿Y de nuestros profesores? ¡Qué me gustaría tener grabado al P. Barreiro hablando de Kant! o de sus “exempla”, al modo didáctico de la antigua escolástica: cuchara, cuchillo, tenedor: cubierto; fósforo, cerillo, mixto: igual. Y su descripción del “movimiento” que siempre me la ha recordado Maeztu: “Tanslatio huius loci… ¿cuántas anécdotas sabrosas podríamos componer entre todos!

¡Qué pánico entonces al P. Macías! y hoy ¡qué alegría! haber aprendido con él esas sabias reglas nemotécnicas que tanto nos  ayudaron a comprender y a dar clases de latín: “Los verbos de lengua, pensamiento y sentido llevan construcción de infinitivo”.”Los verbos de ruego, mandato y coacción llevan subjuntivo con consecución”. Por favor, si hay alguien que las tenga todas “frescas” o casi todas recopiladas, le agradecería me las recordara. Quizás las tenga Juan Fuentes. Que también nos lo puso difícil con Horacio:  ”O fons  Bandusiae splendidior vitro…cras donaberis haedo”. Al que también agradecemos sus enseñanzas  de latín, preceptiva literaria, métrica y, sobre todo, sus lecturas de Cervantes o de Homero. Como a Velasco sus lecturas de Berceo, de los romances históricos y de Machado (entonces un desconocido).

Cuando nos reunimos algunos compañeros y amigos de aquellos años (no hace menos de cincuenta años) nos acordamos de lo que aprendimos, lo que sufrimos con las Matemáticas (y la pena que nos da hoy por no haber aprovechado más al gran maestro que tuvimos, el P. Troya), del hambre proverbial que a veces pasamos, sobre todo, hasta el año 1965 y de los temas más trascendentes, porque todos no eran asuntos livianos y de poca monta. A mí, con 13 o 14 años no se me olvida la discusión entre los “mayores” sobre qué era más importante la “santidad” o la “sabiduría”. Claro, que ya uno sabía que la disputa “seudoescolástica” tenía su truco, pero ahí estaba. ¿Y lo que me recuerdan algunos compañeros con cierto estupor (por mi parte) sobre los “criterios de repetición de curso”, asunto que yo ignoraba?  Bueno, yo llegué hasta 1968, cuando los filósofos estábamos en Fray Félix y el resto de los mayores en Salamanca.  Ya hacía unos años en el seminario leíamos Triunfo (gracias a Juan A. Pérez Millán) y Cuadernos para el Diálogo (gracias a Tomás Iglesias). A partir de ahí, ya con Carmona de profesor, con Teruel etc… pudimos meternos de lleno en Unamuno (y su agonía del Cristianismo) y, sobre todo, en “Honest to God” del obispo Robinson que nos enfrentó con nuestra  “porca miseria” humana y nos abrió otro camino, totalmente distinto (y personal, pese a quien le pese)  hacia la fe. Pero estas son cuestiones de mayor calado y habrá que tratarlas y digerirlas con mesura y reflexión.  Pues, no digamos nada,cuando en la diáspora, unos se hicieron camareros, otros músicos y otros  universitarios o comunistas ¡Qué escándalo! Todos hijos de una misma Madre, las Santa Iglesia Católica y de unos mismos profesores y superiores que, por lo general, siempre nos siguieron aceptando y demostrándonos su aprecio.

Todos estos son recuerdos y memorias que siento no se hayan suscitado en el BLOG. “Yo pecador…” no me puedo quejar, porque no hice ninguna aportación. Pero como me comprometí con Luis, cada vez que tenga un rato, espero que , al menos dos veces al mes, si a nadie le incordia, suscitaré algún tena del recuerdo y de la memoria colectiva. ¡A ver cómo lo vivimos cada uno!

 El otro día hablaba con Luis del cachucho. Es curioso que no nos poníamos de acuerdo sobre la naturaleza del cachucho, que nos decían que era un besugo ¿Era en verdad un besugo?…Claro, pero cuando uno veía en los mercados el famoso besugo de Navidad, el besugo de la pinta,  aquello no tenía punto de comparación. Después de leer algunos diccionarios y recorrer internet, ya me he percatado que al cachucho, en algunos puntos de la costa de Cádiz, lo llamaban “besugo”, aunque tuviera poco o nada que ver con el de la pinta. Pero tampoco tenía que ver con el besugo que mi madre preparaba en verano asado al carbón y con picadillo de tomate, pimiento y cebolla ¿Qué era entonces el cachucho que nos daban? ¿Sería un besugo degradado? Desde luego, el de San Bartolomé no olía, no sabía como el de casa. Pero lo que más me llama la atención fue su práctica desaparición hacia 1965, cuando llegaron los cambios al seminario.

Recuerdo que el final del cachucho vino de la mano de los cambios generales, entre ellos los alimentarios, que incluían nuevo servicio de cocina y nuevos platos más elaborados y mejor presentados,  como el del huevo duro en dos mitades a bandas roja y gualda (tomate y mayonesa). Unos achacaban los cambios al concilio, otros al obispo  Añoveros y otros al nuevo rector el P. Metola. Yo pienso también que fue el P. Metola el que cambió los hábitos alimenticios y enriqueció nuestro paladar y nuestros estómagos con sus campañas económicas a favor del seminario. Y creo que a él se le debió la definitiva extinción del cachucho y la sustitución por la pijota, hecha un ovillo, mordiéndose la cola. Bueno, ya antes nos habían puesto alguna que otra pijota, pero la sustitución radical del cachucho por la pijota creo que vino después de la muerte de D. Tomás. ¿O fuimos tan voraces que extinguimos la especie?

 Yo, al menos, no veo cachuchos en ningún mercado, al menos los similares a los que nos ponían en la mesa casi a diario en los años sesenta. ¿O es que ahora uno es más pudiente y tiene visión selectiva en el mercado y se me borra la esquina del cachucho? Bueno, la verdad es que hace años también se me borró la esquina, si la hay, del mero.  

De verdad ¿pudimos acabar nosotros con la especie?

  

 

 

Bueno, otro día, como le prometí a Luis, entraré en el BLOG para seguir indagando sobre el misterio de nuestras memorias y vivencias. Sólo deciros que consultaré con nuestra amiga Mª Paz Martín, la mujer de nuestro querido amigo Manolo Torres (me resulta difícil nombrarla viuda), pues es, además de una de las mejore botánicas españolas, una gran especialista en ictiofauna. Seguro que nos aclara la familia a la que pertenece el cachucho y su nombre científico y, sobre todo, si existen muchos o se consumieron en San Bartolomé.

 

Antonio Muñoz Rodríguez

 

3 comentarios:

  1. Amigo Antonio, por fin ven la luz tus recuerdos ¿un poco nostágicos? sobre el cachucho y otras cosas. Ha tardado un poco desde que lo concebiste hasta su aparición; pero ahí está. Nunca es tarde...
    ¿Tal vez ha influido el hecho de que el renacer de este "renacenroche" se gestó en tu casa?
    Un abrazo.
    Miguel Guerrero

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  2. Genial artículo, Antonio. He disfrutado de lo lindo.
    Si me lo permitís, algo quiero decir sobre los autores: Si no sé con quien dialogo, me retiro de diálogo. Eso de hacer un comentario como "desconocido" o iniciales...Vale, tienes derecho, pero las conversaciones escondiendo el rostro era propias de la obsoleta confesión, pero no me hice cura, no las comparto.
    Abrazos
    Luis Vallecillo

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  3. Me ha parecido estupendo lo que has escrito. Yo recuerdo que Triunfó lo tenía el P. Almandoz en su cuarto y hacia referencia a los artículos de Miret Magdalena. Del cachucho reCuerdo lo que olía y no a rosas. Hay muchas más cosas : los bollos que guardaba Miguelito Rosarino Leoncio.
    Abrazos
    Andrés Baquero

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